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El vía crucis

El vía crucis

Cientos de miles de familias católicas han experimentado en carne propia, muchos por primera vez en sus vidas, un verdadero vía crucis, como el que padeció Jesucristo.

El drama de la pasión y muerte, representado como en una procesión de la cruda vida real, por tantos seres humanos como nunca antes se había visto en generaciones.

Demasiados penitentes, como los médicos, han dedicado su autosacrificio.

Los enfermos críticos en los hospitales, los menos graves en las casas, junto a sus familias han sufrido el horror del camino hacia el calvario.

Intento imaginar – y no puedo- el dolor de los que han perdido a un ser amado y al mismo tiempo es inevitable evocar el regocijo espiritual de las familias de los sanados.

Felizmente, este vía crucis multitudinario no ha terminado para todos en el calvario. En la Semana Mayor del mundo católico, el vía crucis termina con la Resurrección y la Gloria.

Los católicos que han perecido, han nacido a la vida eterna y aquellos que han sobrevivido han resucitado. Distintas maneras de seguir viviendo… Y la gloria para los resucitados es que por sus venas fluye un torrente de inmunidad que debe esparcirse, compartirse, como la buena nueva. Nunca como hoy tuvo más sentido la frase “ofrendar su sangre por otros”.

¿Cómo agradecer por el milagro recibido sino abriendo el corazón generoso y la sangre que éste impulsa para con aquellos que aún siguen luchando por su vida?

Las grandes catástrofes tienen la capacidad de exponer lo más ruin pero al mismo tiempo, lo más excelso del espíritu humano.

Dr. Eduardo Rodríguez Mieles

Dr. Eduardo Rodríguez Mieles
Dermatólogo.
Torre Médica II

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