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La falsa seguridad de los guantes

La falsa seguridad de los guantes

El cajero del supermercado tomó con sus manos enguantadas la tarjeta de crédito del cliente que estaba antes que nosotros en la fila..
Con horror pude ver que, con esas mismas manos oprimía las teclas de la pantalla táctil de su caja registradora. Y luego, muy seguro de sí mismo, devolvía la tarjeta al cliente quien la guardaba en su billetera. Claro está, lucía la máscara facial de rigor en estos tiempos. Ese cajero había estado haciendo lo mismo, una y otra vez, con los mismos guantes durante toda su jornada de trabajo. Seguramente habría manipulado decenas de tarjetas de crédito y peor aún, hasta dinero en efectivo.

Ni siquiera un spray de solución alcohólica para desinfectar con un paño embebido la pantalla táctil que había manoseado tantas veces. Pedir una lámpara de luz ultravioleta abarcando el campo de acción de las manos del cajero sería pedir demasiado en un país como este. Y, para terminar de complicar el cuadro de potencial contaminación, el cajero intentó embalar los víveres, en las bolsas de supermercado que luego llevaríamos a nuestra casa.
Y nadie, absolutamente nadie antes de nosotros parecía haber reparado en la importancia de aquello.

Me pregunté entonces por qué el gerente del supermercado no había dispuesto una sencilla caja de guantes descartables de manejo en cada caja, para que los cajeros descartaran un par por cada cliente al que cobren.

Es que esos guantes del cajero, usados sin sentido común de por medio, no sólo que no protegen sino que resultan perjudiciales pues le infunden al enguantado una falsa sensación de seguridad al estarlos usando. Me explico: el virus no puede atravesar la barrera cutánea pero en cambio, puede vivir sobre el plástico por algunos días. Me aterroriza ver, en mis poquísimas salidas a la calle en busca de lo básico, a taxistas, vendedores ambulantes, y todo tipo de transeúntes usando guantes que seguramente han tenido contacto con múltiples manos y objetos.

Más seguro sería no tener guante alguno y desinfectarse las manos con gel alcohólico cada vez que tocan a alguien o a algo.
Es por esto que digo que, una de las mejores medidas de protección en esta crisis es el sentido común.

Previendo esta situación, mi esposa y yo fuimos preparados al supermercado. Mi esposa le dijo al cajero que la disculpara pero, que se quitara dichos guantes y ella le daría en su lugar un nuevo par descartable que había llevado consigo. Luego le dio un paño húmedo enriquecido en una solución alcohólica al 70% y le exigió, cortés pero firmemente que limpiara toda la pantalla táctil. Una vez que hizo todo aquello, recién mi esposa le entregó su tarjeta de crédito y al terminar el pago, le exigió que descartara los guantes y el paño usados con nosotros, al tiempo que le obsequió un par de guantes extras, para que atendiera al siguiente cliente. Finalmente, mi esposa y yo juntos nos encargamos de embalar y anudar las fundas de supermercado con nuestras propias manos. Y llevamos el carrito del supermercado al estacionamiento.

Hay muchas brechas en las barreras de seguridad a las que debemos prestar atención en el día a día. Es fundamental recordar que el virus no sólo se transmite por gotitas de saliva. El virus también se transmite por fomites, es decir, por objetos que pueden haber resultado contaminados por partículas de saliva o manos de personas infectadas.

Cada superficie u objeto que uno toca fuera del ámbito del hogar puede tener virus encima. Y debemos realizar nuestras actividades de excepción con un alto grado de concentración en lo que estamos haciendo, sin actuar de manera automática. Después de todo, puede que nuestra vida dependa de ello.

Dr. Eduardo Rodríguez Mieles
Dermatólogo.
Torre Médica II

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