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Avances en el tratamiento del acné

Avances en el tratamiento del acné

Vamos a intentar desarrollar un artículo diferente sobre un tema del que mucho se ha escrito.

Pensemos por un momento en una enfermedad, que aunque no es mortal, afecta a los seres humanos principalmente en el rostro y, particularmente en una época de la vida en la que la apariencia estética es de la mayor importancia. Si esa condición adquiere caracteres de gran severidad, el resultado puede ser devastador para la salud espiritual de un joven paciente.

Derivado del vocablo griego “akmee” que significa “punta”, el acné es una enfermedad de la glándula sebácea que, lamentablemente, afecta a todos los seres humanos en mayor o menor medida durante los años de la adolescencia.

Podemos decir entonces que es uno de los padecimientos más frecuentes, presentándose hasta en un 25 % de la población adolescente de ciertos países. Ligeramente más frecuente en varones que en mujeres, suele iniciarse alrededor de los 11 años en las niñas y los 12 años en los muchachos, como promedio.

La mayor cantidad de casos se ubican entre los diez y los veinte años, y a partir de entonces empiezan a disminuir, siendo muy raros más allá de los 25 años aunque hay casos recalcitrantes que pueden persistir hasta después de los treinta años de edad. Hasta aquí, este artículo no se diferencia mayormente de todos los que, sobre el mismo tema, se pueden leer en diferentes publicaciones. Pero ahora empieza la diferencia y ésta tiene un nombre: isotretinoína.

Ha sido tal el impacto que la isotretinoína ha causado con su aparición dentro del manejo dermatológico del acné que, sin temor a exageraciones, la historia del tratamiento de esta enfermedad puede dividirse en dos grandes épocas: antes de la isotretinoína y después de ella.
Luego de varias décadas de investigación basada en las propiedades de la vitamina A y, como consecuencia de ello, surgieron los retinoides, como el ácido retinoico que apareciera con gran suceso, con fines anti-envejecimiento, hace ya muchos años.

Pues bien, la isotretinoína es el producto de esa larga cadena de eventos experimentales y ha llegado para, textualmente, revolucionar el tratamiento de una patología que hasta entonces había sido de difícil y hasta frustrante manejo. No por nada los dermatólogos de generaciones pasadas consideran a los jóvenes colegas muy afortunados de contar en su armamento medicinal con una droga de tan maravillosas capacidades y con la que ellos no contaron en épocas pasadas de la Dermatología.

Pero, ¡atención!, hay que tener mucha cautela en su manejo pues, este medicamento tiene tal cantidad de efectos colaterales que su administración no debe ser realizada sino por un especialista entrenado en su uso y prescripción. El popular aserto médico de que “si un medicamento no tiene efectos adversos, lo más probable es que tampoco tenga ningún efecto curativo” parece venirle como anillo al dedo a la isotretinoína.

Su principal efecto adverso es la teratogenicidad es decir, la capacidad de causar malformaciones congénitas al feto. En otras palabras, debe ejercerse gran precaución al administrarlo a mujeres que están en la época reproductiva de sus vidas, cual es el caso de las adolescentes, a riesgo de tener que terminar un embarazo en el caso de una paciente que toma isotretinoína sin saber que está embarazada. Si a pesar de las explicaciones atinentes a los riesgos por parte del especialista, la paciente desea someterse de todas maneras al tratamiento, se requerirá una prueba de embarazo negativa que descarte la posibilidad de una preñez inadvertida y el uso subsecuente de por lo menos dos métodos anticonceptivos combinados durante todo el tiempo que dure el tratamiento.
Se requiere, además, que la función del hígado del paciente sea óptima por lo cual periódicamente se solicitarán exámenes que permitan evaluar el estado de funcionamiento de tan importante órgano que, en caso de estar afectado por cualquier anomalía, automáticamente descalifica al aspirante a recibir la medicación.

Suelen producirse elevaciones del colesterol y triglicéridos las que requieren de atenta observación y eventual manejo en caso de presentarse. Y una serie de pequeños efectos indeseables como resequedad de labios, ojos, y piel entre otros. Entonces, reformulando lo expresado al inicio, tenemos una enfermedad que afecta principalmente el rostro de los seres humanos, en una época de la vida en la que el aspecto estético es de la mayor importancia y que, gracias a la ciencia , hoy puede curarse.

Pero como hay acné leve, moderado y grave, es el momento oportuno de recalcar que según ciertas escuelas, el uso de la isotretinoína debe reservarse para casos graves de la enfermedad con el argumento de que, usarlo en casos leves sería como “ cazar hormigas con escopeta”.

Es el dermatólogo el encargado de evaluar cada caso en particular y decidir qué otro tipo de tratamiento es el indicado en la eventualidad de un acné leve que no precise de isotretinoína, la cual por cierto es una droga de precio elevado y que no está al alcance de todo presupuesto.

Mientras tanto, debemos recordarle a nuestros lectores que hay algo que aún hoy no se puede curar y son las cicatrices que deja el acné. Por ello, es fundamental no pellizcarse las lesiones sino acudir oportunamente al especialista. Si el acné se cura, lo más seguro es que no queden secuelas cicatrizales en el rostro.
Y si el acné no se trata debidamente y además se lo manosea en forma imprudente, lo más probable es que queden cicatrices de por vida, tanto en el rostro como en el alma de los desafortunados pacientes que no tuvieron acceso a un tratamiento óptimo.

Dr. Eduardo Rodríguez Mieles
Dermatólogo.
Torre Médica II

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