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Miserables

Miserables

¡Ah, si se desarrollara una herramienta para medir la discapacidad moral!

Una madre soltera decidió que afrontaría la vida sola y, luego de un embarazo muy complicado, Albertito nació prematuramente a los 6 meses, por una cesárea.

Su desarrollo fue normal hasta que lo vacunaron, a la edad de 11 meses. Al día siguiente desarrolló una fiebre persistente que duró casi 1 mes pero marcó su vida para siempre.

Nunca más fue el mismo pues no volvió a pronunciar las cuatro palabras que para entonces eran todo su vocabulario. Su conducta se volvió extraña: se quedaba petrificado ante estímulos luminosos, estallaba en risas inexplicables, gesticulaba agitadamente con sus manos…

Entonces comenzó un peregrinaje médico que llevó a Albertito y su madre a visitar doctores de varios países y especialidades. Ecuador, Colombia, Perú, Estados Unidos, neurólogos, especialistas en autismo, medicina hiperbárica, naturópatas…

Su diagnóstico provoca ternura: autismo severo, y además, desde hace 4 años sufre de epilepsia.

Su primer carnet de discapacidad le fue otorgado a los 8 años de edad, entonces de un 76%

Hace poco, en 2019, al actualizar su carnet, su discapacidad había aumentado hasta el 86%.

Hoy, Alberto es un hombre de casi 21 años y está completamente discapacitado. Si no fuera por la maravillosa familia materna que la vida le dio a cambio de su dolor, por sí solo no sobreviviría sino unos pocos días.

Producto de su grave deterioro neurológico, Alberto puede ser agresivo.

Sin embargo, su madre sabe que los largos paseos en carro por las calles de la urbanización en la que viven consiguen relajarlo. Así fue como surgió la idea de comprar un vehículo sencillo, ni siquiera importado sino apenas exonerado de impuestos en una concesionaria.

Y empezó otro Vía Crucis.

Como Alberto ya es mayor de edad, su madre debía tramitar un juicio de interdicción.

Consultaron 3 abogados y cada uno de ellos les dio una estimación diferente de cuánto tardarían los trámites: 2 meses dijo el más optimista y los otros, les dijeron que, de 4 a 6 meses.

Uno de ellos, el más sincero, les aconsejó olvidarse del asunto porque los trámites costarían más dinero de lo que se ahorrarían en impuestos.

Sin embargo, quisieron intentarlo con otro abogado y así pasaron los meses.

Cuando finalmente salió la resolución del juez, les exigían dos peritajes. Fue extraño que, aunque se suponía podían elegir un perito de la página de la función judicial, dos opciones les fueron impuestas.

Más extraño aún, una de las dos opciones a elegir era una abogada de Cañar quien, además de exorbitantes honorarios exigía viáticos pues no residía en la ciudad. Como si no hubieran suficientes abogados en Guayaquil.

Dos peritajes, a razón de aproximadamente US 1,500-2,000 cada uno más honorarios, se transformaron en una cifra impagable.

Por si no fuera suficiente, aún haciéndose el peritaje, podría ser que el juez demandara la presencia del perito para exponer el caso.

Ante tantas humillaciones y burlas, la madre de Alberto, decidió abandonar el trámite y dejó de soñar con el automóvil exonerado de impuestos para pasear a su hijo.

Pero faltaba más: hace dos semanas recibió un correo electrónico exigiendo su presencia en la función judicial para darle de baja al proceso, ¡en plena pandemia!.

Y contra todo lo que pueda parecer razonable, acudió en vano.. ¡pues no la atendieron!.

Alberto no podrá disfrutar de un relajante paseo en el sencillo vehículo que quiso adquirir su madre..

Mientras tanto, miserables por todos conocidos se pavonean desafiantes en autos importados de lujo, exonerados de impuestos, haciéndose los sordos ante el clamor de los ciudadanos honrados de este país.

Sin hartarse con lo que roban, además evaden impuestos y lo que es más inhumano aún, usurpan el lugar de los auténticos discapacitados.

Si la sociedad civil de este país agonizante no reaccionaba en el caso del inhumano tráfico de carnets de discapacidad, vía redes sociales, el siguiente escándalo de corrupción hubiera hecho que en pocos días, esta práctica repugnante pase a la lista del olvido.

Es alarmante advertir que, un sentimiento de odio y repulsión está creciendo peligrosamente entre ciudadanos asqueados de las prácticas de una clase política cada día más degenerada y pervertida.

Dr. Eduardo Rodríguez Mieles
Dermatólogo.
Torre Médica II

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